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Poner los cuernos

Relacionamos normalmente a alguien que pone los cuernos con una persona infiel a su pareja que quiebra la confianza de la relación afectiva.

ORIGEN

Algunas fuentes apuntan a un origen vikingo. Los jefes de las aldeas podían tener relaciones por derecho con cualquier mujer de la tribu, incluso con las casadas. Como un «derecho de pernada». En la puerta de la casa se colocaba un casco vikingo a modo de «no molestar».

Otras fuentes apuntan a la Edad Media, en el mismo caso del «derecho de pernada», pero esta vez los señores feudales colocaban una cornamenta de ciervo como señal del acto que se estaba llevando a cabo en el interior de la vivienda.

Una opción más remota nos llega de la mitología griega, cuando la esposa del rey Minos fue infiel a su marido con un toro adorado en Creta. Como resultado de la relación nació una criatura mitad hombre mitad animal, con cabeza de toro y cuerpo humano, llamado Minotauro. Desde entonces los cuernos fueron considerados una señal irrefutable de infidelidad conyugal.

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