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Colgar el sambenito

Significado de la expresión

Cuando alguien carga con una culpa que no se merece, o se le marca y se le desprecia o desprestigia y le afecta a su reputación … decimos que le han colgado el » sambenito « . Puede utilizarse también con animales.

Por ejemplo, hay determinadas razas de perros que tienen más fama que otras de ser agresivas y hay gente que antes de cruzarse con uno de estos, se cambia de acera. Esto es, que les han colgado el sambenito de perros malos, peligrosos, violentos, que atacan …

Otro ejemplo lo tenemos con los gatos, tienen colgado el sambenito como animales egoístas, traicioneros …

Y un ejemplo muy común, es el niño «revoltoso» de la clase. La maestra o el maestro sale del aula y cuando vuelve, algún / a alumno / a ha cometido una fechoría. El primer y único culpable que le viene a la cabeza es ese niño «travieso» porque ya le han colgado el sambenito.

Origen de la expresión

Según el diccionario de la RAE , en una de las acepciones de la palabra, el sambenito es el nombre que la capa o escapulario tiene que se ponía a los penitentes reconciliados por el tribunal eclesiástico de la Inquisición.

Antes de la Inquisición, los penitentes católicos usaban el sambenito como prenda para mostrar arrepentimiento por sus pecados. Más adelante, la Inquisición utilizó esta prenda para señalar a los condenados como símbolo de infamia.

Esta prenda consistía en una especie de saco de lana bendecido por un cura (saco bendito evolucionó a sambenditosambenito), era como un mantel rectangular con un agujero en medio para meter la cabeza, de manera que colgaba por el pecho y por la espalda a modo de poncho, y con una cruz roja (Cruz de San Andrés) dibujada por delante y por detrás.

Pero dependiendo del tipo de condena, vestían sambenitos distintos.

Entonces, los que estaban condenados a muerte por la Inquisición vestían un sambenito negro con unas llamas y dragones, serpientes o demonios dibujados, signos del infierno, y acababan siendo quemados en la hoguera sin vestir el sambenito.
Los arrepentidos y reconciliados con la Iglesia Católica llevaban el sambenito amarillo con las cruces rojas en cualquier sitio público y solo podían quitárselo cuando estaban en casa.

Después de todo, la historia no quedaba ahí, la Inquisición consideraba que las familias y descendientes del hereje debían seguir cargando con las culpas, perpetuando así el recuerdo de la infamia. Así pues, se colgaban los sambenitos en las iglesias, tanto de los vivos como de los ejecutados. De esta manera las familias «pagaban el pato» de sus antepasados como escarmiento hasta tal punto, que cuando la prenda se deterioraba por el desgaste del tiempo, se reemplazaba por otra nueva que seguía llevando el nombre del hereje. 

Finalmente, ninguno de los familiares podía ocupar cargos públicos porque estaban marcados, tenían colgado el sambenito a pesar de no merecerlo. Tampoco los feligreses querían tener relación de ningún tipo con estas familias señaladas por la Santa Inquisición.

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