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Romper una lanza

Significado de la expresión

Según el diccionario de la RAE , la palabra lanza (del latín lancea ) tiene varias acepciones, la que está relacionada con este contexto es «arma ofensiva consistente en un asta o palo largo en cuya extremidad está fija un hierro puntiagudo».

Romper una lanza es una locución adverbial empleada como modismo en la lengua castellana y significa salir en defensa de alguien o algo. Cuando rompemos una lanza por alguien estamos dando la cara por esta, defendiendo su honor, sus intereses …

Ejemplos

«Voy a romper una lanza por la ecología».  
«Federico rompió una lanza por su hermano en una discusión con sus padres.»
«Jimena rompió una lanza
en solidaridad con los trabajadores».

Origen de la expresión

En la Edad Media , las justas eran combates o peleas entre dos contendientes a caballo y con lanza para defender el derecho de alguien. Normalmente se hacían en honor a Dios, para demostrarle el vigor a una dama , o para defender a su rey. Otras veces se hacían para ganar un trofeo, por defender su honor de caballero, o el honor de sus familiares.

En primer lugar, cuando las bandas de música dejaban de tocar, comenzaban a sonar las trompetas mientras entraban los reyes, jueces, damas de honor … y tomaban sus puestos.

Entre tanto, cada caballero tenía su equipo de ayudantes, todos con los mismos colores y portando su lema. 
A continuación, el heraldo decía en voz alta las leyes del duelo y presentaba a los combatientes de la justa.
Después, los jueces tomaban juramento a cada caballero a combatir con lealtad y según las leyes de caballería, medían las armas de los contrincantes, señalaban el puesto de cada uno bajo las mismas ventajas de iluminación, y se retiraban a su estrado dando la señal de arremeter y comenzaba la justa.

Sin embargo, la Iglesia desaprobaba estos combates y, en el año 1130, el papa Inocencio II declaró que «cualquier caballero que perdiera la vida en una pelea tan innecesaria contra otro cristiano no podría ser enterrado en tierra consagrada». 

El caballero portaba su armadura pesada, un escudo, y una gran lanza. Ganaba aquel que lograse tirar al suelo a su adversario, este lance se conocía como «romper la lanza» aunque no siempre se rompía.

En conclusión, puesto que había que estar facultado para poder participar en una justa, si por edad o enfermedad u otras cuestiones no se podía, se facultaba a una tercera persona para hacerlo en su nombre y defender su honor enfrentándose en combate. De ahí surgió la expresión de «romper una lanza por alguien» .

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