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Ver menos que Pepe Leches

Significado y expresiones similares

Ver menos que Pepe Leches, no ver tres en un burro, ver menos que un gato de escayola, no ver un pijo, no ver ni gota, no ver ni torta, no ver un pimiento, no ver un comino, no ver ni jota… Son frases que decimos coloquialmente cuando nos referimos a alguien que anda escaso de vista.

Creo que estoy perdiendo la vista, últimamente veo menos que Rompetechos.

Origen de la expresión

Como en otras muchas expresiones, no hay un origen exacto y cierto de este modismo.

Uno de los orígenes identifica a Pepe Leches con un guardia municipal de principios del siglo XX por la zona de Leganés, llamado José Fernández Albusac.
Se trataba de un hombre de estatura media, carácter avinagrado y con la mano muy suelta, pues se ganó el sobrenombre de Pepe Leches por las bofetadas que daba.

Aquel individuo tenía mucha miopía y una afección en la vista, denominada «ojos tiernos», que le enrojecía los párpados y le lloraban continuamente los ojos. Con lo poco que veía, cuando había de resolver alguna trifulca, se llevaba bofetadas hasta el apuntador.
Lo más anecdótico es que no quería ponerse lentes para no deshonrar el uniforme, y acabó muriendo atropellado por una carroza fúnebre.
Esta información está recogida en el libro «Personajes y leyendas de Leganés», de 1903.

 

Otro origen nos lleva al pueblo sevillano de El Viso de Alcor. Se trataba de un lechero de principios del siglo XX que acabó cayendo a un pozo sin brocal que no vio en su camino, fue tan popular el costalazo que se pegó que los vecinos le empezaron a conocer como Pepe Leches.

Otra leyenda sitúa a Pepe Leches en la provincia de Granada, andaba corto de vista pero toda la carencia que tenía de ese sentido lo compensaba con el gusto y el olfato, pues era catador de «piononos», unos dulces típicos de la localidad granadina de Santa Fe.
En esta ocasión nuestro protagonista se hizo famoso al morir en plena Guerra Civil, pero fue tras intentar ordeñar un toro que, confundiéndolo con una vaca, le asestó varias cornadas.

De lo único que tenemos evidencias es de que en todos los pueblos y en todas las épocas se ha convivido con auténticos personajes que han ido pasando de boca en boca, generación tras generación hasta nuestros días y ahora pertenecen al repertorio de modismos que utilizamos a diario con nuestras expresiones.

 

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